Tarjetas de crédito: Todo con el poder de tu firma

Te voy a contar la historia de una persona a la que llamaremos “la prima de una amiga”. Cuando ella era pequeña, veía a su papá usar una tarjeta para pagar la despensa y muchas cosas más. Cuando ella creció y se volvió una mujer independiente, por fin recibió su primera tarjeta de crédito, se sentía importante. Tal vez tendría unos 27 años y la adquirió al poco tiempo de tener su primer trabajo “estable”.

Su papá le dijo que era una buena idea, siempre y cuando la utilizara para alguna emergencia o para pagos domiciliados y que no se le olvidara que no era dinero suyo, sino más bien era un dinero “prestado “y que tarde o temprano tenía que pagarlo. Y aunque su padre le había advertido que solo la usara en caso de emergencia, la empezó a usar para comprar ropa, zapatos y demás “caprichos”.

Sin darse cuenta, además de estar al tope con esa tarjeta, pronto se hizo de tres plásticos más, con una facilidad inquietante fueron aceptadas todas las solicitudes para hacerse de una y otra y otra… y al poco tiempo todas las debía; pero el trabajo “estable” le ayudaba a pagarlas, aunque cada vez era más difícil hacerlo, pues los intereses parecían interminables.

Después de algunos años, hay un recorte de personal y sale desafortunadamente seleccionada y la despiden de su trabajo y ella, con las deudas y las tarjetas al tope.

Tras algunos meses de no poder pagarlas, tuvo que elegir entre pedirle ayuda a su padre o terminar en el Buró de Crédito. Su papá le ayudó, claro, pero primero vino el vergonzoso regaño de un padre a una supuesta adulta responsable.

El problema de las tarjetas de crédito inicia cuando la comenzamos a usar para pagar absolutamente todo, incluyendo banalidades.

Y es que muchas personas aún creen que una tarjeta de crédito, es dinero propio y eso es lo más alejado a la realidad. Es dinero que un banco “te presta” con la condición de que se lo devuelvas en un tiempo estipulado.

¿ES IMPORTANTE TENER UNA TARJETA DE CRÉDITO?

Ahora, aquí entre nos, ¿es útil tener una tarjeta de crédito?

Si y no: si, porque efectivamente te puede sacar de una emergencia, pero si la utilizas sin controlar los “meses sin intereses” y para cosas que no son necesarias, entonces se vuelve un gran problema y no solamente con la institución financiera, hay que considerar que si no se liquida el adeudo, simplemente el banco lo reporta al Buró de Crédito y no podremos hacernos de otro préstamo en al menos 10 años, que eso no sería problema pero debemos considerar que no solo se refiere a tarjetas bancarias, sino también puede ser que necesitemos un crédito para un auto o una casa o sencillamente para un teléfono móvil.

Al tiempo de haber aprendido esa lección, “la prima de una amiga” fue a un diplomado de finanzas personales. Lo ocurrido no le volvería a pasar… y ahí aprendió que la mejor manera de no arriesgar es invertir o ahorrar.

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Lo que siempre debemos tener en cuenta es que el dinero de “nuestra tarjeta” en realidad no es nuestro, sino del banco… y hay que pagarlo.

¿AHORRAR O INVERTIR?

El ahorrar parte de tu salario puede funcionar, pero a la larga solo eso tendrás. ¿Había alguna manera de que ese dinero ahorrado creciera? Sí. Hay una gran diferencia entre ahorrar e invertir.
Siempre y cuando estudies y analices las diferentes formas de invertir. Claro, siempre habrá un riesgo en las inversiones, pero definitivamente será menor en comparación a entrar por la puerta grande al Buró de Crédito.

Ahora bien, ¿es bueno ahorrar? Sí, pero también es válido gastar en algunas cosas que nos gustan y usamos responsablemente el dinero en vida. Tampoco hay que exagerar como le pasó a mi sobrina, que su suegra no se compraba ni calzones con tal de ahorrar para su funeral, el cual cuando finalmente llegó, hubo muchas flores y un bello ataúd que la suegra no pudo disfrutar, porque, bueno, ya estaba muerta…

En fin, “la prima de mi amiga” no es experta en finanzas pero sí es una mujer normal y como todas las mujeres de su edad, le gusta comprar ropa de moda, pero también le gusta aprender de las lecciones que la vida le da.

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