María del Pilar Roldán, una de las mujeres del Olimpo

Si bien Soraya Jiménez fue la primera medallista de oro en la historia de México, María del Pilar Roldán Tapia fue la primera mujer en obtener una presea en las olimpiadas de México 1968. Consiguió la medalla de plata en esgrima, categoría florete, tras caer en la final frente a la húngara Ujlaky Retjo.

Sus padres, María Tapia y Ángel Roldán, fueron destacados tenistas, medallistas en Juegos Centroamericanos. Ella se decidió por la esgrima tras leer ‘Los Tres Mosqueteros’, de Alejandro Dumas. También fue la primera mujer en ser abanderada de una selección olímpica, en Roma 1960.

Los Tres Mosqueteros, definen su camino

Pilar Roldán fue la primera mujer mexicana que ganó una medalla olímpica y conquistó ese logro el 20 de octubre de 1968, plata en Florete, siendo México la sede, en la Sala de Armas Fernando Montes de Oca, recinto que albergó la esgrima, en su tercera participación en la máxima justa deportiva del orbe después de Melbourne 1956 y Roma 1960.

A los 10 años Pilar Roldán se daba cuenta de que no era muy buena en el tenis, que practicaba desde los 6 años, cuando leyó Los Tres Mosqueteros fue la obra de Alejandro Dumas lo que le cambió la vida, descubrió que la esgrima era una disciplina que podía practicar y les dijo a sus padres que quería ser como D’Artagnan.

Eduardo Alajmo, su primer maestro en florete

Cuando Pilar tenía 13 años el Italiano Eduardo Alajmo vino a radicar a México y fue cuando Pilar comenzó a practicar la esgrima siendo una de las primeras alumnas de este reconocido entrenador, además de haber contado con el apoyo total de su padre, quien instaló en su casa una pista de esgrima y le compró a Pilar todo el equipamiento, incluso se vio tan seducido por este nuevo deporte que él mismo comenzó a practicarlo.

En 1955 se llevaron a cabo en México los II Juegos Panamericanos donde Pilar Roldán formó parte de la delegación mexicana con apenas 15 años, pero el hecho sin precedentes fue que en esos Juegos también sus padres participaron, padres e hija compitiendo en unos Juegos Panamericanos es un suceso que no se ha repetido y aunque no ganaron medalla, Pilar obtuvo un cuarto lugar que la puso en la escena mundial de la esgrima.

Sus primeros Juegos Olímpicos: Melbourne 1956

En 1956, a los 17 años, Pilar desfilaba en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Melbourne, los primeros en los que se utilizaron marcadores electrónicos para la esgrima, lo cual revolucionó este deporte y le dio más precisión. La única esgrimista que había representado a México en unos Juegos Olímpicos antes que Pilar Roldán fue Eugenia Escudero en Los Ángeles 1932.

Tras el décimo lugar ocupado en Melbourne, en los años en los que el deporte no recibía apoyos económicos por parte del gobierno, el padre de Pilar invirtió lo necesario para que su hija recibiera fogueo en el extranjero y le patrocinó cada una de las competencias internacionales en las que Pilar participó para seguir enfrentándose con las mejores del mundo y mejorar su técnica.

Comienza en 1959 la cosecha de medallas

En 1959 ganó bronce individual y plata por equipos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe celebrados en Caracas y en esa ocasión también participó su hermana Lourdes, quien ya se había integrado al mundo de la esgrima. En ese mismo año ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos en Chicago y en el Nacional Abierto de Estados Unidos.

Para 1960 asistió a su segunda participación Olímpica en Roma, esta vez como abanderada de la representación nacional, y aunque no conquistó la medalla, fue la primera vez que una mujer portó la bandera de su nación en una inauguración de Juegos Olímpicos, el tema de la medalla seguía pendiente en la carrera de Pilar Roldán.

En 1961 contrajo matrimonio, pero no se retiró del deporte, para 1962 participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe llevados a cabo en Kingston y obtuvo nuevamente la medalla de plata por equipos y esta vez plata individual.

Duro golpe del COM a Pilar Roldán;

ella responde con una medalla

Para los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, a pesar de su trayectoria y de haber obtenido la calificación en torneos internacionales, faltando solo 8 días para viajar a la justa deportiva, el presidente del Comité Olímpico Mexicano, el General Clark Flores decidió que el equipo de esgrima no viajaría a esos Juegos Olímpicos, ya que desde su perspectiva no contaban con la calidad para competir en ese torneo y lo manifestó como una decisión irreversible.

Pilar enfrentó la frustración y no se rindió, un año antes, en 1963 ya se había anunciado que los Juegos de la XIX olimpiada se celebrarían en México en 1968, así que mantuvo la motivación y con el apoyo de su esposo, quien se hacía cargo de sus dos hijos para que ella pudiera seguir entrenando, llegó a sus terceros Juegos Olímpicos con 28 años de edad y se convirtió en la primera mujer mexicana que ganó una medalla olímpica.

Imagen de una jovencita Pilar Roldán (a los 16 años) en sus primeros Juegos Olímpicos en Melbourne, Australia, fungiendo como modelo para portar un turbante que el capitán olímpico del equipo de la India le pidió que portara.

Gana el mundial de veteranas

En 1983 regresó del retiro y a los 44 años ganó el mundial de veteranas en Toronto, esta vez en la espada.

Para Tokio 2020 México cuenta con un equipo femenil de buen nivel que actualmente se prepara en torneos internacionales rumbo a la calificación olímpica, pese a la polémica que aún no se resuelve por el caso de doping que dejó fuera de Rio 2016 a la esgrimista Paola Pliego, quien ya demostró que sus muestras fueron negativas, sin embargo la Federación Mexicana de Esgrima insiste en impedir la participación de Paola en los certámenes internacionales.

Pilar Roldán muestra orgullosa una de sus medallas ganadas.

Pilar Roldán, narra su propia historia

En la final femenina de florete de los Juegos Olímpicos de México 1968 la ciudad parecía caerse a pedazos, pero la mexicana Pilar Roldán estaba recluida en un mundo de silencio y gracias a eso sobrevivió y ganó medalla de plata.

Roldán había perdido con la soviética Elena Novikova y la húngara Ildiko Ujlary, pero se recuperó y derrotó a la soviética Galina Gorokhova y a la francesa Brigitte Gapais. Entonces llegó el combate por la medalla, ante la sueca Kerstin Palme, y fue cuando el público de la Sala de Armas, sede de la justa, y el resto de la ciudad fueron protagonistas de un paroxismo casi sísmico.

“Me fui delante y ella me alcanzó; dicen que la gente estaba alborotada, pero yo me sentía aislada y no escuché nada. Hice un toque y así aseguré la medalla, que después supe que era de plata detrás de Novikova, porque tenía mejor diferencia de golpes que la húngara”, cuenta a Efe más de 50 años después.

Pilar es hija de Ángel Roldán, integrante del equipo mexicano de la Copa Davis de Tenis en 1934, y de María Tapia, campeona de tenis de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero no heredó los genes de sus padres. Su ‘drive’ no era de los mejores, no dominaba el golpe de revés y, aunque probó, pronto desistió de seguir el camino de la familia con una raqueta en las manos.

Antes de entrar en Secundaria leyó “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas y vio la película, lo que marcó el antes y después de su vida. Obsesionada con imitar a D’Artagnan, un día se vio en la clase de esgrima del maestro italiano Eduardo Alajmo y ahí inició su crecimiento como deportista.

“No fue difícil decidirme por la esgrima porque era buena y en el tenis no, así que cada vez me dediqué más al florete y empecé a mejorar”, recuerda.

Anécdotas y grandes recuerdos atesora la floretista Pilar Roldán.

1955, sus primeros Juegos Panamericanos

Meses antes de cumplir 15 años la joven recibió un regalo mayor, formar parte de la delegación mexicana a los Juegos Panamericanos con sede en su país en 1955, en la cual estaban sus padres como miembros veteranos del equipo de tenis.

Pilar no ganó medalla, pero se dio a conocer en el circuito mundial. Debutó en Juegos Olímpicos en Helsinki’56, en los que fue décima, y estuvo en los de Roma’60 como abanderada de la delegación. No la llevaron a Tokio 1964 porque el presidente del Comité Olímpico Mexicano dijo que no tenía calidad, palabras que debió tragarse más adelante.

 

1967, Medalla de oro en Winnipeg, Canadá

Meses antes el COI había anunciado a México como sede de los Juegos de la XIX Olimpiada y Pilar se concentró en superarse a sí misma, lo que le hizo derrotar a las mejores del mundo en diversas competencias en Estados Unidos y Europa y en 1967 conquistar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg (Canadá).

En su casa de Cancún, Pilar hace una pausa, mide las palabras y asegura que lo diferente de los Olímpicos de México consistió en que la gente se involucró, lo cual hizo que los deportistas de fuera se sintieran como en su casa.

“Una vez que entro en la final, solo debía dar lo mejor; todas estábamos parejas y estoy segura de que si hubieran vuelto a repetir la competencia el resultado habría sido diferente”, cuenta.

Habla con la autoridad de quien ha vivido más de 79 años y aclara que, a diferencia de lo que muchos creen, los entrenamientos de esgrima no eran aburridos y revela que lo realmente duro era encontrar tiempo para competir después de cumplir su ocupación principal, la de madre de dos hijos.

Gran recuerdo que los mexicanos conservamos en la memoria colectiva, Pilar Roldán en el podio de ganadores.

Pilar Roldán, aún celebra su medalla Olímpica

“Cuando dejé la esgrima me dediqué a la familia, tuve otra hija y a los 15 años regresé y gané el Mundial de veteranas de 1983 en Toronto, pero en espada”, recuerda.

Ahora que México celebra durante todo el año el medio siglo de los Juegos de 1968, Pilar a veces observa su medalla y siente la felicidad reservada a las mujeres que fueron de grandes lo que soñaron ser de niñas, en su caso una versión femenina de D’Artagnan.

Le dicen que para los festejos por el medio siglo de los Juegos viajará a México la campeona Elena Novikova, quien repitió su medalla de oro en Múnich 1972 y conquistó otra por equipos en Montreal 1976, y le cuesta trabajo imaginar cómo será ver a aquella joven de 21 años convertida en una abuela de 71

“No sé de qué hablaríamos, supongo que de esgrima. Después de los Juegos la volví a ver cuando yo tiraba espada como veterana y nada más nos saludamos”, cuenta, y vuelve a hundirse en su mundo de silencio, al que acudió hace mucho tiempo cuando le tocó sacar lo máximo de sí misma ante las mejores del mundo.

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