El primer ingeniero en llegar a Cancún: Daniel Ortiz Caso

Cuando le ofrecieron a Daniel Ortiz Caso venir a trabajar aquí, era un joven de escasos 28 años de edad, encargado de elaborar tanques de acero inoxidable en su natal Puebla.

“¿Has oído hablar de Cancún?” –Le preguntaron– y de inmediato pensó en el norte o sur de China. Luego, lo llevaron delante de un enorme mapa y le señalaron la ubicación, pero igualmente pudo darse cuenta que ni siquiera en aquellos planos aparecía el mencionado lugar.

Cancún en los 70 era un vocablo desconocido; ni siquiera la palabra Quintana Roo era común.

Daniel recuerda que por aquella época compró un coche en la Ciudad de México y preguntó si podía pagar la tenencia en Quintana Roo, y la respuesta fue más que sorpresiva: “Nooo, solo dentro del territorio nacional…” (¿?).

El tapón de selva hacía que muy poquita gente, una de cada 10 mil, supiera de la costa del Caribe; de hecho –asegura Daniel Ortiz– una de las funciones del Proyecto Cancún fue amarrar Quintana Roo a la economía y a la vida republicana de México.

El Proyecto Cancún fue una estrategia del Banco de México concebido desde un par de años atrás, incluso con el visto bueno del presidente Gustavo Díaz Ordaz, pero al inicio de 1970 ya recorría la República Mexicana el candidato presidencial, Luis Echeverría Álvarez, de quien se aseguraba no veía con buenos ojos a Cancún.

ing daniel ortiz caso
El ingeniero Daniel Ortiz Caso, actual director general del Centro SCT del estado de Puebla y fundador no solo de Cancún, sino también de otros destinos turísticos como Ixtapa y Huatulco.

Esa fue justamente la primera misión del joven ingeniero, venir a Cancún y en tres semanas tener listo un camino por el que pudiera transitar el candidato Luis Echeverría, desde Puerto Juárez hasta lo que hoy es el puente Nichupté, tarea nada fácil si se tomaba en cuenta las condiciones del lugar.

El único “antecedente” que Ortiz había tenido con la selva quintanarroense, se había dado de manera fortuita en 1968, cuando en su viaje de luna de miel pasó por aquí, estacionó su coche en Puerto Juárez y se hospedó en un hotel de Isla Mujeres, el Rocamar, en el que estuvo una semana, encantado por el sol, maravillado por el mar y por las playas, pero de Cancún, ni idea.
Ya en plan de trabajo, su arribo a Cancún ocurre el 23 de enero de 1970.

“Aquí los tornillos eran más raros que los brillantes –comenta-. No había donde dormir. El banco quedaba en Isla Mujeres o en Valladolid, a 160 kilómetros. El teléfono en Leona Vicario, a 45 kilómetros y el clavo más próximo en Mérida”.

Para lograr el desmonte y conseguir la brecha que le pedían, Ortiz se puso en contacto con un campamento chiclero manejado por Damián Canché que se hallaba sin trabajo y en plena quiebra, de manera que la obra les cayó del cielo, pero había un problema: no más de cinco personas hablaban español, entre ellos el propio Damián Canché y su esposa Luisa Loría, y a lo sumo otros tres más. Incluso se daba la ironía de un hombre llamado Pedro Chazarreta que no hablaba nada de español pese a tener un apellido vasco; por supuesto tampoco hablaba vascuence, solo la maya.

Para salvar el problema idiomático, el ingeniero Ortiz marcaba las áreas de desmonte con nudos en cuerdas tensadas. “no había que tomar medidas no había que pelearse con que si dije o no dije, y entendieron muy rápido la dinámica”.

Cancún 1970
Obras de desmonte y brecha en la Zona Hotelera de Cancún, 1970

Finalmente, en febrero de ese mismo año (viernes 20) se logró cumplir el objetivo, abrir un camino por el que pudiera pasar el candidato presidencial hasta la laguna Nichupté, pero el Estado Mayor Presidencial tenía otros planes y no pasó dejándolos como coloquialmente se dice, como novia de pueblo: “Vestidos y alborotados”.

El desaire del candidato presidencial, sin embargo, no marcaría el final de su presencia en Cancún, nada de eso. Daniel Ortiz siguió teniendo trabajos y tuvo la oportunidad de recibir a quien más adelante sería su jefe en la compañía Consorcio Caribe, el ingeniero José García de la Torre, y tiempo después al ingeniero Rafael Lara Lara con quienes hizo grandes amistades.

MANOS A LA OBRA
“Ya existía el Plan Maestro. Yo me encargué de ponerle las tres dimensiones a lo que decía el plano, y la planeación consistía en que hubiera de todo justo en el momento en el que se requería, ver que hubiera diesel, que hubiera gasolina, que hubiera medicina.

Llegaron las primeras máquinas, llegamos a la Nichupté, pasó lo de la visita presidencial y empezamos a hacer un puente de madera con pilotes.
“La carretera a Tulum ya existía y tenía unos metros pavimentados, luego venía una brecha, y se hacían ocho horas de aquí a Xel-Há, esa era la brecha, y don Heriberto Bonfil estaba pavimentando hasta Puerto Morelos”.

¿Nunca se ha sentido ajeno a esta ciudad, tan diferente de la que usted vio hace años?
No, porque siempre veo muchas cosas en las que me tocó meter las manos, como por ejemplo el Centro de Convenciones (el del Globo), después todos los edificios institucionales de la Supermanzana 22; la Conasupo, algo de las iglesias, algo de las escuelas, los primeros hoteles y después –hombro con hombro con Rafael Lara – todo lo que fue infraestructura de las fuentes de abastecimiento.

historia del bulevar kukulkan de cancun
Obras de desmonte y brecha en la Zona Hotelera de Cancún, 1970

Para traer el agua se metió un tubo hasta la mitad del camino a Leona Vicario y luego dar vuelta a la izquierda y perforar cualquier cantidad de pozos. La electricidad venía de Tizimín y con una línea infame que provocaba que de cada ocho días, siete se interrumpiera y de ahí a convertir en las enormes torres y en las enormes líneas que hay ahorita en las cuales, veo con gusto, ya les tuvieron que poner un segundo piso, porque ya se necesita más electricidad. El consumo eléctrico de Cancún es superior al de Mérida y de Campeche.

Las líneas telefónicas, ahí está la primera torre la que está cerca del actual Centro de Convenciones, la que parece flor de lis, y que en vez de ser una torre de fierros pintados se tomó la decisión de que se viera como una escultura.

Los tinacos, en vez de utilizar los clásicos, se les dieron forma de copa para que fueran el abastecimiento de la ciudad. Las copas servían para almacenar el agua que sobraba en las noches y que hacía falta en las mañanas.

¿Algo que desee agregar?
Yo creo que todos los que conocemos Cancún, tenemos la obligación de levantar la voz y decir lo bonito que es, lo agradable, lo ameno, lo seguro y hacerlo llegar al mundo, porque Cancún fue hecho para abrirse al mundo, finaliza la charla.

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