De rebeliones y otras luchas

En esta ocasión y por primera vez, no sé desde qué trinchera expresarme: de una mujer, un ser humano o de una simple comunicadora que tiene la oportunidad de escribir estas líneas.

No sé qué es peor: ser mujer o ser humano. Si ser mujer por estar expuesta a los ataques por usar falda más allá de la rodilla, por salir tarde del trabajo, por caminar en una calle solitaria, por pretender ser más o mejor que un hombre. Si ser humano, porque ya no veo quién me la hizo, sino quién me la paga, por vengarme de aquellos que me han hecho algo malo, por odiar al género opuesto solo por unos cuantos que se han aprovechado de mi condición de mujer, por violentar y agredir a quien ni siquiera conozco, solo porque estoy enojada, por pensar en mí y solo en mí sin importarme nadie ni nada más…

Con gran tristeza veo cómo la sociedad se descuartiza a sí misma, agotada, angustiada, desesperanzada. Quizá estamos frente a la recta final de la existencia de esta especie que se autodestruye al no tener otro depredador más que él mismo.

Atónita veo una imagen dentro de miles que he visto desde aquel día en que las mujeres se manifestaron en la Ciudad de México, para exigir respeto. Esa imagen es de una mujer enojada, humillada, con el coraje haciéndole saltar las venas de su rostro, dilatando sus pupilas, ella abriendo la boca en un grito desesperado de ¡YA BASTA!

La marcha contra la violencia de género reabrió el debate sobre la vulnerabilidad de las féminas en la calle.

Y después, otra foto aún más extraña: dos mujeres vistas de perfil, pero aunque solo se observa media cara, puedo ver perfectamente sus expresiones: un rostro feo y desafiante, y aunque tiene la boca cerrada, sus ojos (o el medio ojo que alcanzo a ver) tiene lumbre, coraje, enojo y con una mirada retadora, lanza una señal obscena con ambas manos a alguien que al parecer solo cumple con su trabajo.

Quien recibe la seña obscena es otra mujer; una mujer bella, de expresión calmada que, a pesar de tener a la otra justamente frente a ella, ni siquiera la mira, se mantiene en una sola pieza y con gran dignidad porta un uniforme militar que corona con un casco.

LAS INTERROGANTES

¿Qué están pensando en ese momento ambas mujeres? ¿Qué no se supone que la mujer manifestante iba a reprocharle al sexo opuesto que la ha humillado, sobajado y violado? ¿Por qué la seña obscena -que dicho sea de paso representa un falo –esa seña que significa “métetelo por donde que quepa”? ¿Qué no esa seña representa una violación a quien se la dedican? O sea, ¿no me agredas, pero yo sí te puedo agredir?

¿Contra quién iban entonces? ¿Acaso la militar estaba ahí por órdenes pero igual quería manifestarse junto con ellas? Ante mis ojos, una mantenía la calma, el orden y la cordura –porque era su trabajo-; la otra se había perdido en su furia y había terminado por insultar a su igual.

Y días después, sigo viendo con profunda tristeza, publicaciones en redes sociales de mensajes misóginos, tanto de hombres como de las mismas mujeres. Antes hubo muchas mujeres que lograron muchas cosas, lograron que votáramos, que trabajáramos en puestos que eran exclusivamente para hombres. Estas mujeres no lo hicieron regalando ni recibiendo flores, sino manifestándose. Dejando huella.

Yo también he sufrido de acoso, maltrato y humillaciones. Les he preguntado a mis amigas y con gran preocupación veo que mucho más de la mitad de ellas ha sufrido alguna vez en su vida de estas agresiones. Alarmantemente, pregunto ¿quién no? Las manifestaciones tenían un propósito y lo lograron muy bien: llamar la atención incluso de la prensa internacional.

La foto de las dos mujeres sigue rondando en mi cabeza a pesar de los días y las semanas. Mujeres agrediendo mujeres, hombres agrediendo hombres; mientras el Amazonas se incendia… paradoja e irónicamente la palabra Amazona, del griego que se refiere a gente de un antiguo pueblo conformado y gobernado íntegramente por mujeres guerreras… guerreras, antagonistas de los griegos, enfrentándose ellos.

Después de todo, creo que todo está conectado. La tierra (en femenino LA Tierra) también se está manifestando y pide a gritos que pare el hombre (en masculino EL hombre), refiriéndose a toda la humanidad.

¿Cuál será el final de esta historia? ¿De cuál, de las mujeres, del Amazonas o de la humanidad? Aquí entre nos, ¿cómo quieres que terminen esas historias?

Y mientras unas protestaban aquí, en el Amazonas la madre tierra también lanzaba su grito de alarma.
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